Mi Marilyn interior, esa que me ha convertido en bipolar, ataca en ciertos momentos débiles y no sé cómo tomármelo.
Por un lado exige que me respete, pero por otro baja el enfado a un nivel menor implorando pensar en frio para ser más justa.
Es de esas veces que no puedo culparme, son cosas que pasan, y que acumuladas no hacen ningún bien.
Me hacen pasar días así, y no me gusta; me obligan a pensar y me transforman.
Me llevan a un punto en el que me gustaría esconder la cabeza en alguna parte, y no tener que hablar de nada.
Será por eso que detesto tanto a Marilyn.