Días cortos, esperanzadores; un miércoles cualquiera, un viernes soleado anunciando primavera.
Levantarse con la misma filosofía, aún en la esperanza tonta de que todo permanezca como estaba. Inmaculado e intocable. Piensas: "Si me ha funcionado una vez, seguirá haciéndolo siempre. Hoy me visto de flores para dar la bienvenida a la estación nueva."
Puede ser que un día pueda hacerse eterno en la memoria, recuerdos llenos de luz.
Y entonces otros días se alargan, se nublan, y te dejan en ese estado extraño en el que el cuerpo te pesa hasta dejarte sin ganas. A pesar de haber nacido en el mismo horizonte.
De lo pasajero a lo de siempre; en mi mente mejor nos trasladamos a otra parte: y no hay superlunas, pero tampoco hay guerras ni terremotos. Ni conversaciones terroríficas parecidas a los miedos infantiles.
La energía echa a dormir. Un poquito solo. Esperando ser despertada con besos.
Entonces... De nuevo el viento en la cara, y el olor a "verde", a pan recién hecho a las 7 de la mañana, sonrisas panorámicas, el fin de semana a la vuelta de la esquina, cantar hasta reventar, ensayos para recargar pilas.
Por lo que una no es, pero ha sido y será. ¿Y quién sabe cuándo regrese para no irse?
Entonces...