De mi silencio no quería hablar. Pensaba en cómo sería volver a escribir de chorradas existencialistas y egocéntricas en un estado como el mío. Pero releyéndome las últimas cosas dejé de lado ese narcisismo, o quizá no, pues estaba centrada en mi pena. No en la suya.
Y la pena es horrible cuando es incurable.
Calma pensar que no todo se queda en ésto, que no solo somos animales que viven y mueren, y que después de ésta vida hay algo más. Quiero verlo así porque me calma, porque le echo de menos y le echaré de menos siempre hasta que yo falte de éste mundo. Y es el pensamiento inevitable de cada día y así lo será durante mucho, mucho tiempo.
Por eso me trago ahora todos los programas de la tal Anne Germain, sean verdad o no, veo señales, sean ciertas o casualidades, le veo y le siento. Veo el sol allá donde se supone que está él, y eso llena tanto... Si existe algo después, es grandioso que le hayan dejado manejar el sol. No merecía menos.
Le lloro sola. Le hablo a solas. Le siento conmigo. Es algo muy extraño, pero cuando la voz de una persona está tan honda en tí, sus gestos, sus manos, el tacto de su frente al darle un beso, su tos, sus ronquidos, su todo. Cuando conoces y amas tanto a alguien que se va, es muy extraño.
Sé que descansa, es lo único que puedo saber. Sé que le voy a echar terriblemente de menos. Es la única seguridad en lo que me queda de existencia. Y sé que escribo ésto deseando que no lo lea nadie. Sin embargo escribo. Y lo releeré en un tiempo, y todo habrá pasado muy deprisa, más aún.
No sé si era su momento, yo no entiendo de eso. Pero de alguna forma le escucho. Si lloro tengo esa frase con su precioso tono de voz: "no llores nena". Cuando me asomo al pasillo y le oigo llamarme "tralarala" haciendo de mi mote una canción. Cuando lo último que le dije fue: "tienes que curarte" y no esperé a escuchar su respuesta... Ni esperé a que se despidiera de mi esa manaña. Ni le di un beso.
Esa persona tan grande da significado al concepto de amor y nobleza, ya no está.
Como si te quitaran una columna de dentro, una base que te deja medio vacía.
Y sin embargo, sentirme tan afortunada de haber sido parte de un ser tan hermoso.
Ni siquiera quería escribir sobre ésto.
Porque no siento que haya que despedirse, no siento que se haya ido. Es algo realmente extraño.
Le siento conmigo.
Anda por aquí haciendo travesuras. Hoy ha vuelto a salir el sol para sus niñas.