Salgo a la calle agarrada al bolso, con la cremallera hacia mi que dicen que es más seguro, hacia el lado de la pared más próxima para un rápido placaje si a algún desaprensivo se le ocurre darme el tirón.
No manipulo el monedero fuera de los establecimientos, tapo el teclado cuando marco Pines variados, echo todos los cerrojos dentro de casa; si salgo: cuatro vueltas de llave.
El buzón siempre vacío, cambio cada día la ropa tendida, las persianas a diferentes alturas. No cojo llamadas "privadas", y cuelgo aquellas que piden datos personales, no abro a extraños, me doy de baja en listas de distribución, nunca respondo a SMS promocionales ni abro e-mails extraños.
El móvil localizable, pegado a las llaves de casa y a las del coche, que nunca cierro con el mando por si anulan la frecuencia. Por supuesto examino el cajero por si estuviera tuneado (me invento sistemas de seguridad infalibles en los que, a través de la cámara de seguridad, si hay algún movimiento sospechoso, el terminal puede bloquearse a distancia… Pero soy de letras y no entiendo de códigos binarios).
Vivo en un mundo de miedo y desconfianza, deseando mudarme a un pueblo, un día de éstos, en donde el concepto de "seguridad" es dejar la puerta abierta para que la vecina entre por si "pasa algo".
La sociedad avanza que es una barbaridad. O una barbarie. Depende del prisma.
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