De Todo Lo Que Se Me Escurre...

De Todo Lo Que Se Me Escurre...
... Y Algo De Lo Que Me Acontece.

miércoles, 22 de diciembre de 2010

- Y El Sol Salió Por... -

Tras días olvidables como ayer, descubres de qué pasta estás hecho: si eres fuerte, si tienes carácter, quienes están a tu lado, quiénes no.

Aprendes a conocerte a ti mismo. Supongo que es la parte optimista de días como ayer.

Piensas en no anclarte a un 10% imposible con la pena horrible de la ley de la probabilidad, a pesar de desear olvidar el peso del 90% en una persona tan importante que su desánimo le invade a una misma como si se tratase de una extensión de mi propio cuerpo. No obstante yo soy una suya. Ese tipo de tristeza que pesa dentro y empuja la cabeza hacia el suelo. Empiezas a ser realista en días como ayer.

Te anclas a un refresco con las niñas y unas tapas, a poder hablar sin tapujos y llorar sin vergüenza.

Despejarte jugando a la Play 3 descargando hachazos a unos zombies…

Acostarte de madrugada y dormir poco sin estar cansada. Sabiendo que el día siguiente solamente puede ir mejor con días como ayer.

A dejar las cosas claras, a establecer límites, a ser sincera.

Y despiertas días como hoy, y lo compruebas.

Un desayuno gratis sin querer… Y unos… 50 euros de pedrea, para copas.

Un feeling… un feeling…

Desaparece el maldito 90%, y te abrazas a la improbabilidad inesperada, mejor dicho: te abraza ella de tal forma que vuelves a creer en la magia.

No cae el gordo… ¿O si? Homer siempre tuvo una tripita cervecera adorable. Hablo con él y me anima su ánimo, como si se tratase de una extensión de mi propio cuerpo.

¡Y me regalan bombones! Segunda caja para quien no tiene cesta de Navidad "oficial", pero tiene la "oficiosa" que es mucho más divertida.

Días como hoy, por contraste, son el mejor colofón para el año que termina, aún le queda una semana pero no creo que nada de lo que resta de año me proporcione una felicidad tan inmensa.

Días como hoy necesitan días como ayer, para poder apreciarlos. No lo borraré entonces en mi calendario.

martes, 14 de diciembre de 2010

- Ya veremos -

No. Hoy no.

Pero no pasa nada.

Mirando por el agujerito de la persiana hay luz fuera, y una gota de sol se ha posado estratégicamente justo encima de mi aurícula.

Ahí se quedará un rato. Hasta que se me pase.

¿Y mañana?

viernes, 3 de diciembre de 2010

- De Caramelo -

Mis ojos, abiertos como platos, intentan adivinar tu silueta entre las sombras de la noche, una leve luz tintineante y caprichosa te delata, recostado a escasos centímetros de mi, mientras gateo a tu alrededor tan lentamente que cada centímetro que muevo en cada avance se hace imperceptible.

Pero no quiero tocarte, de momento, permanece inmaculado y expectante hasta que decida profanarte con mi cuerpo. Te estoy adivinando, y sin verte te imagino sonriendo; tan real, tan intenso.

Real como que no puedes esperarme, impaciente, se ha escapado tu mano hacia mi espalda, sabia sabe donde posarse para estremecerme, y en su labor se entretiene mientras la gata aguarda.

Intenso como que soy dos personas dentro, donde no sólo ocupas el espacio reservado estipulado, sino además parte del mío, inundándolo de sentimientos. Me sorprende ser capaz de reconocerlos, y experimentarlos en conjunto es mi deleite: soy feliz, aquí y ahora.

Y cuando pienso que vuelve mi cuerpo a estar sólo, enfrentado al tuyo en silencio, y realmente creo que me estás obedeciendo, que aguardo a una orden del instinto más primario, vuelve a delatarte la luminosa testigo chivata de tu rebeldía, momentáneamente acaba con la tiniebla y te presenta recostado, demasiado cerca, cara a cara, regresa el otro felino en la oscuridad en forma de un par de ojos superiores a mi voluntad.

¡Túmbate! No soy fuerte como para contenerme a tus manejos. Tenebrosos de nuevo, mi ayudante me abandona, y en la nada te busco con las manos pero ya te has ido, me haces pasar por loca mientras busco en el aire tu cuello, pues no sé ya si pensar si era real tu cercanía o invento.

¿De dónde salen tus manos ahora? ¿De la nada? ¿Se puede saber qué eres? Espíritu desobediente, niño mimado, ¡suelta mi cuello! ¡Libérame del influjo que me acerca a tus labios! ¿Qué hago? Incapaz de resistirme, como siempre, me he rendido.

Alguien debió esparcir miel el día que apareciste en el mundo, o explícame de otra forma cómo unos labios pueden resultar tan dulces. Suave recorre mi boca a besos, lento, poco a poco, me ha derretido como si fuera una ignorante de afectos.

Mi amor es de caramelo. Me he rendido. Primero un labio, y tranquilamente el otro, exploras que casi parece que no hubieras estado nunca en ellos, disfrutando el instante, anárquico los recorres hasta llegar a describirlos. Ya no puedo remediarlo. Me he rendido. Me he regalado. Me he perdido para siempre. Soy una única persona, y ya no soy yo, tan feliz aquí y ahora... Mi amor es de caramelo.