Mis ojos, abiertos como platos, intentan adivinar tu silueta entre las sombras de la noche, una leve luz tintineante y caprichosa te delata, recostado a escasos centímetros de mi, mientras gateo a tu alrededor tan lentamente que cada centímetro que muevo en cada avance se hace imperceptible.
Pero no quiero tocarte, de momento, permanece inmaculado y expectante hasta que decida profanarte con mi cuerpo. Te estoy adivinando, y sin verte te imagino sonriendo; tan real, tan intenso.
Real como que no puedes esperarme, impaciente, se ha escapado tu mano hacia mi espalda, sabia sabe donde posarse para estremecerme, y en su labor se entretiene mientras la gata aguarda.
Intenso como que soy dos personas dentro, donde no sólo ocupas el espacio reservado estipulado, sino además parte del mío, inundándolo de sentimientos. Me sorprende ser capaz de reconocerlos, y experimentarlos en conjunto es mi deleite: soy feliz, aquí y ahora.
Y cuando pienso que vuelve mi cuerpo a estar sólo, enfrentado al tuyo en silencio, y realmente creo que me estás obedeciendo, que aguardo a una orden del instinto más primario, vuelve a delatarte la luminosa testigo chivata de tu rebeldía, momentáneamente acaba con la tiniebla y te presenta recostado, demasiado cerca, cara a cara, regresa el otro felino en la oscuridad en forma de un par de ojos superiores a mi voluntad.
¡Túmbate! No soy fuerte como para contenerme a tus manejos. Tenebrosos de nuevo, mi ayudante me abandona, y en la nada te busco con las manos pero ya te has ido, me haces pasar por loca mientras busco en el aire tu cuello, pues no sé ya si pensar si era real tu cercanía o invento.
¿De dónde salen tus manos ahora? ¿De la nada? ¿Se puede saber qué eres? Espíritu desobediente, niño mimado, ¡suelta mi cuello! ¡Libérame del influjo que me acerca a tus labios! ¿Qué hago? Incapaz de resistirme, como siempre, me he rendido.
Alguien debió esparcir miel el día que apareciste en el mundo, o explícame de otra forma cómo unos labios pueden resultar tan dulces. Suave recorre mi boca a besos, lento, poco a poco, me ha derretido como si fuera una ignorante de afectos.
Mi amor es de caramelo. Me he rendido. Primero un labio, y tranquilamente el otro, exploras que casi parece que no hubieras estado nunca en ellos, disfrutando el instante, anárquico los recorres hasta llegar a describirlos. Ya no puedo remediarlo. Me he rendido. Me he regalado. Me he perdido para siempre. Soy una única persona, y ya no soy yo, tan feliz aquí y ahora... Mi amor es de caramelo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario