No me dan pena las pérdidas derivadas del tabaco: se basaban en un vicio.
No me da pena mi vecino en paro adeudado hasta las orejas: falta de previsión.
No me da pena la famosa del papel cuché arruinada: vivía encima de sus posibilidades.
Me da pena de nosotros, que seguimos creyendo en una economía de consumo, nos creamos necesidades inservibles, y pensamos que "crecer" es "avanzar".
Nunca me he basado en el dinero, le doy valor a mi tiempo y a mis necesidades interiores. Vivir sin hacer daño a nada ni nadie, sonreirme antes de perderme de vista en un espejo, buscar la solución y no el problema…
Y hoy, con mi trabajo mileurista por los pelos, a tiempo parcial por voluntad propia, aprovechando mis momentos para dedicarlo a lo que me apasiona, y sin grandes deudas a mis espaldas: soy feliz, millonaria en familia, amor y amigos, con los que disfrutar de una peli, invitar a unas tapas en casa tapaditos (muertos de risa) con la misma manta porque la calefacción no funciona, escaparnos un finde al extranjero sin grandes lujos y disfrutando como niños…
Algún jefazo me lo ha preguntado alguna vez: ¿Qué haces para tener siempre ese ánimo? A veces desearía responderles y anonadarles con la verdad, pero prefiero dejarles con la intriga para que lo descubran por sí mismos.
Como aquel proverbio del indígena y el hombre blanco: observa nuestras diferencias, y pregúntate si te hacen realmente feliz.
Gracias por regalarme un pensamiento tan positivo
ResponderEliminar¡A ti por leerme Maru! MUAAAAAAA
ResponderEliminar